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CARTA A MI HERMANO

Perú, hermano querido, no he sabido de tí más que por las noticias y los libros que he leído acerca de tu crecimiento y desarrollo en tus ya casi 200 años, me encontré con información respecto a tu lucha de independencia que no fue más que una guerra civil con directores de otros países, pero quien se dañaba en la entraña eras tú mismo; también supe que esa lucha y ese logro, como es natural, trajo otros problemas en tu primera infancia: cuando la monocracia militarista trataba de manera empírica de ordenar un estado incipiente y la segregación a los indígenas y la oligarquía gamonal trataban de encontrar un punto de equilibrio inexistente.

Me enteré de cómo la iglesia católica seguía tratando de enseñarte un lenguaje con maestros inconsecuentes cuyo comportamiento iba en detrimento de su propia doctrina, se que esa conducta te confundió más y trataste de encontrar tu propia forma de entender a tus dioses y a los suyos a través de ese vocablo interesante llamado sincretismo.

Me enamoré, por sus cartas, de tu amiga francesa Flora tristán, fue un amor a primera letra, quizá fue su forma de explicar su peregrinaje y la manera de describir a la mujer limeña, lo que me tuvo nublado por algún tiempo investigando acerca de su compleja vida y su pluma enigmáticamente atractiva.

También exploré nuestro pasado, hermano mío, hasta llegar al entendimiento que provenimos de seres maravillosos que han tenido en la economía de la reciprocidad y redistribución un modelo inteligente para desarrollarse como sociedad.

Me encontré con otro antepasado nuestro llamado Chavín de Huantar y su interesante forma de asumir el mundo a través de su teocracia y el miedo a sus dioses, comprendiendo que ese sentimiento ha sido desde siempre el que ha manejado nuestras sociedades, el miedo.

Solo he sabido de ti, hermano mío, por noticias y libros que cuentan una parte de tu historia, concluyendo a través de esas letras que no podemos negar que eres un todo, que no eres ni indígena ni español, ni mestizo, ni criollo, ni negro, ni mulato, ni chino, ni cholo o selvático, eres Perú, y toda tu historia como república y prehistoria como nación componen, exactamente lo que eres hoy.

Me enteré que el empirismo trato de gobernarte siempre con tendencia al fracaso; y la corrupción, lamentablemente te acompañó, desde tu nacimiento; se que eso te duele pero quien no se cae no aprende hermano mío.

Ahora te escribo desde mi refugio en algún lugar del mundo, agobiado por este bicho, del que todos hablan, que nos tiene en jaque.

Quiero cerrar esta misiva corta con algunas recomendaciones como hermano menor, se que eres inteligente y me harás caso. Luego de todo lo aprendido en estos casi 200 años que tienes como república; lo que necesitas ahora - en estas circunstancias de posiciones políticas equidistantes- es hacer que los principales líderes políticos e intelectuales de tu país organicen una reunión, una suerte de cabildo abierto a la vieja usanza, para entender sus diferencias y desarrollar, de una vez por todas: POLÍTICAS DE ESTADO inteligentes que respeten el estado de derecho y nos lleven al orden que necesitamos como sociedad, estas estrategias serían las columnas que soportan tus próximos 200 años.

Se que te puede parecer aburrido, pero tienes que escucharme, hermano mío, necesitas políticas de estado que trasciendan al gobierno de turno, estructuras que soporten tu sociedad y nos hagan más sólidos como nación:

1.- Teniendo a la economía como la principal locomotora que genere el cambio, buscando llegar al 100% de formalización de tu PEA.

2.- Entender al mercado como el libre regulador de precios.

3.- Crear un filtro intelectual que permita que nuestros dirigentes lleguen instruidos al poder.

4.- Incentivar la economía serrana y amazónica para evitar la migración a la costa.

5.- Implementar un trabajo eficaz y eficiente en los sectores de salud, educación, seguridad e infraestructura.

6.- Trabajar profundamente en una campaña de comunicación que apunte a instruirnos en temas fundamentales como: civismo, ética, estética urbanística, etc.

Hermano mío, estás a punto de cumplir 200 años, viviendo momentos políticamente complejos, pero te recuerdo que nunca está más oscuro que cuando va a amanecer. Espero podamos celebrar el 28 de julio con un pisco bien tuyo.

Mauricio Martínez Muñiz

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